Rav Oury Cherki
Líder de la nación
1 Adar 5766 (1 Marcha 2006)
El Libro de Génesis concluye con una serie de bendiciones-instrucciones del
patriarca Jacob a sus hijos, los fundadores de las tribus de Israel. Ante los
comentaristas de la Torá se planteó la pregunta: ¿Cuál es la esencia de
estas bendiciones? ¿Cuál es el mensaje que quiso transmitir nuestro patriarca
Jacob en el comienzo de nuestra historia nacional?
Rabí Itzjak Abarbanel, que fue ministro en los reinos de España y Portugal,
y por tal razón era especialmente sensible a los asuntos de política, responde
que la intención de nuestro patriarca Jacob fue definir quién de sus hijos
merecía recibir en sus manos el control político. Esto era muy necesario
debido a la lucha entre José y sus hermanos en los últimos días de Jacob,
lucha cuyo origen era la competencia por el poder: "Le respondieron sus
hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? (Génesis
37:8).
Observemos un poco el contenido de las bendiciones: Rubén,
por ser el primogénito, habría sido digno de ser rey. Pero es rechazado por
ser "Impetuoso como las aguas" (Génesis 49:4), es decir que su ímpetu
lo puede llevar a conducir una política apresurada, que pretende alcanzar
logros inmediatos a costa de los principios fundamentales de la nación. Ya
cuando nuestro patriarca Jacob necesitó de alguien que le garantizara el
bienestar de Benjamín, su hijo menor, Rubén propuso: "Harás morir a mis
dos hijos, si no te lo devuelvo" (Génesis 42:37). Para obtener una calma
inmediata (de Jacob), ¡el impetuoso líder (Rubén) está dispuesto a
sacrificar intereses vitales (sus hijos)!
En cambio, Simón y Leví saben defender como corresponde el
honor de la nación, como lo demostraran en Nablus, en el caso de Dina. Ellos
son 'fanáticos religiosos'. Si bien hay necesidad de un liderazgo así en
situaciones extremas de la historia de la nación, como en el incidente del
becerro, en el que Moisés llamó: "¿Quién está por Jehová? Júntese
conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví" (Éxodo 32:26), o
en el incidente de Pinjás o Judit o Matatías el Asmoneo, es imposible que ése
sea el liderazgo permanente del reino.
Simón y Leví son especialmente peligrosos cuando están concentrados en
ellos mismos: "En su consejo [cuando se secretean] no entre mi alma",
dice nuestro patriarca Jacob. La solución para ellos es dispersarlos entre sus
hermanos: "Yo los apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel" (Génesis
49:7), y entonces son una bendición: " Ellos enseñarán tus juicios a
Jacob, y tu ley a Israel" (Deuteronomio 33:10).
Zevulún es un hombre del gran mundo, de amplios horizontes,
y se dedica al comercio internacional: "Será para puerto de naves" (Génesis
49:13). Pero aquí radica el peligro de que se sienta más comprometido con la
comunidad regional que con su pueblo.
El 'desarrollo regional' es más importante para él que el bienestar de su
pueblo.
Isasjar, "asno fuerte", el estudioso del grupo, es
descartado del gobierno a pesar de su sabiduría. Precisamente su amor por el
estudio de la Torá le puede quitar el buen juicio político y hacerle preferir
la falta de independencia: "Y vio que el descanso era bueno, y que la
tierra era deleitosa; y bajó su hombro para llevar, y sirvió en tributo"
(Génesis 49:15). En su opinión es preferible que los asuntos de estado queden
en manos de un dominio extranjero, para alcanzar la tranquilidad espiritual
necesaria para sus estudios.
Dan está dispuesto a luchar para conseguir la liberación
del yugo extranjero, pero es hábil precisamente para la guerra de guerrillas:
"Serpiente junto al camino, víbora junto a la senda, que muerde los
talones del caballo" (Génesis 49:17) - un tipo de combate adecuado para
los tiempos en los que el pueblo lucha por alcanzar su independencia, pero
ineficaz en el momento en que hay que salir de la clandestinidad.
En cambio, Gad sabe organizar un ejército regular: "Un
ejército lo acometerá", pero él puede formar un liderazgo que vea todo
únicamente desde el punto de vista de un militar; por lo tanto, aunque sabe
conquistar, llegado el momento puede retroceder por motivos estratégicos:
"Mas él acometerá al fin" (Génesis 49:19). Él puede ser ministro
de Guerra, pero no Primer Ministro.
Asimismo Asher, cuyo "pan será substancioso" (Génesis
49:20), puede ser un ministro económico, y Neftalí, "que pronunciará
dichos hermosos" (Génesis 49:21), puede ser ministro de Cultura, pero no
se puede dejar en las manos de ellos la conducción del estado.
Un candidato aparentemente mejor es José, con su rica
experiencia como Primer Ministro en Egipto, que domina a sus hermanos y es el más
justo de todos. Pero debido a su singular virtud es "apartado de entre sus
hermanos" (Génesis 49:26), es diferente de ellos y no atrae su simpatía:
"Le causaron amargura, le asaetearon, y le aborrecieron los arqueros"
(Génesis 49:23).
Benjamín, a diferencia de José, era precisamente el
elemento unificador entre los hermanos, el que volvió a reunir la familia. Esta
característica, tan necesaria en un líder, le sirve en el momento en que hay
que establecer el reino de Israel, como en los tiempos de Saúl, o cuando la
nación decae en la diáspora, cuando hay que reunir a todos los judíos en los
tiempos de Ester (ver Ester 4:16). Pero esta habilitad se manifiesta al comienzo
del proceso histórico o a su término: "A la mañana comerá la presa, y a
la tarde repartirá los despojos" (Génesis 49:27), y no en la continuidad
histórica.
Por lo tanto, ninguno de ellos es apto para el reino, a pesar de sus
virtudes. Sólo Yehudá es digno de tomar en sus manos la tribu
líder: "No será quitado el cetro de Judá" (49:10). Las razones de
esto son tres. La primera, su capacidad de atraer la simpatía de todos los
segmentos de la nación: "Yehudá, te alabarán tus hermanos… Los hijos
de tu padre se inclinarán a ti" (49:8). Asimismo, le favorece su capacidad
de someter al enemigo: "Tu mano en la cerviz de tus enemigos" (49:8).
Pero el principal secreto de su éxito es su paciencia política: "Cachorro
de león, Yehudá" (49:9). Al comienzo cachorro y al final, león. El
conocimiento de que la redención de Israel viene al principio poco a poco
(Talmud de Jerusalem, Berajot, 1,1) es lo que le otorga la fuerza de líder,
porque no le asusta la premura del tiempo o las decadencias transitorias. Él
permanece fiel a sus metas eternas y afronta las dificultades de la realidad.
En el proceso de cachorro a león, de pequeñez a grandeza, llega finalmente
a "Se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿quién lo
despertará?" (49:9). El león viejo es aún más grande, y no se lo puede
mover de su lugar.
La paciencia es el fundamento de la estabilidad gubernamental.
Es de agregar que las maravillosas palabras de Maimónides sobre el carácter
del rey de Israel (Reyes 2,6) deben permanecer siempre ante los ojos del líder:
"Del modo en que la Torá concede al Rey el gran honor, y requiere que
todos lo honren, así exige que su corazón sea humilde… y no se enaltezca
sobre el Pueblo de Israel… y sea misericordioso y compasivo con los pequeños
y con los grandes, y se ocupe de sus deseos y de su bienestar, y cuide el honor
del más pequeño de los pequeños. Y cuando hable a toda la comunidad en plural
lo haga suavemente… Y siempre se comporte con suma humildad… y tolere sus
molestias y sus cargas y sus quejas y sus enojos, como una nodriza tolera a su
criatura." |